Durante años hemos tenido la información de que la iluminación, el sueño y la melatonina son las claves para evitar el famosísimo Jet Lag. Ahora se revela una verdadera cura o prevención.

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El ciclo circadiano es un sistema cerebral de los animales que regula los ritmos biológicos y que se gobierna por los ciclos de día y noche. Un largo viaje en avión puede romper el compás, produciendo los típicos efectos del jet-lag. Hace unos días la Facultad de Medicina publicó en Science, un estudio de laboratorio, que da una nueva estrategia para evitar los síntomas posteriores a tomar vuelos que atraviesan varios husos horarios.

La clave es pasar hambre durante el vuelo. Si se evita ingerir alimentos durante el vuelo, y se come hasta que se llega al destino, el cuerpo se adaptará más fácilmente al nuevo horario. La base es que ante la ausencia de comida, somos capaces de prescindir del ritmo circadiano y adaptar horas de sueño y vigilia a la disponibilidad de alimento.

El Jet Lag nos arruina horas o días de nuestras vacaciones o de nuestra vuelta a la vida diaria. Así que, ya sabemos, en un vuelo de varias horas, cuando la/el sobrecargo se acerquen a preguntar ¿carne o pollo?, nuestra respuesta será ¡agua, gracias!