El estrés en sí mismo no engorda. Pero la tensión física y mental a la que nos lleva puede desatar una alimentación compulsiva y hacernos, por ende, subir de peso. Las situaciones de estrés mal comprendidas pueden llevarnos a confundir angustia o ansiedad con hambre y dar lugar a comportamientos alimentarios poco sanos.
Cuando dormimos nuestro cuerpo recupera energía, lo que nos permite que al día siguiente estemos en condiciones de encarar el nuevo día con más fuerzas.
Si no descansamos bien, en la nueva jornada nos veremos cansados, desganados y con mucha irritación.
Para los chicos es muy bueno tener una rutina que sea estricta y tratar de no [...]