Incluso para las parejas que llevan mucho tiempo juntos, puede llegar a ser incómodo dejar que su pareja o cónyuge, los vean completamente desnudos bajo la luz brillante. Robinson Junio K., MD, profesor clínico de dermatología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Northwestern, publicó que esa timidez puede obstaculizar la oportuna detección de melanoma.

Según el estudio realizado, las parejas que presentaron un estrecho lazo, tenían probabilidades tres veces mayor de realizar el “exámen de piel” en sus parejas, que las que no mostraron lazos fuertes entre ellos. La sincronía en una pareja parece ser determinante en el diagnóstico a tiempo de un melanoma o una recurrencia de éste.
El exámen de piel, hecho por la pareja, además fortalece la relación, afianza la confianza y tranquiliza al otro. Si se llevara a cabo el exámen mensual de la piel, las muertes por melanoma se podría reducir hasta un 60%, según la misma publicación.
Con un sencillo “ABCD” se evaluán los lunares en cuanto a:
Asimetría: el contorno de una mitad no es igual al otro
Bordes: los bordes son desiguales, borrosos o irregulares
Color: el color es disparejo y puede incluir tonalidades negras, cafés y canela
Diámetro: hay cambios en el tamaño, generalmente un aumento
El melanoma se puede presentar, incluso en las zonas no expuestas en los baños de sol. En los hombres, generalmente se encuentra en el tronco, en la cabeza y el cuello. En las mujeres, el melanoma generalmente se encuentra en los brazos y las piernas. Por lo general, se presenta en adultos pero, en algunos casos, se encuentra en niños y adolescentes.
Esta semana se publicó en algunos medios que el matrimonio da más salud a la persona, según un estudio reciente. La verdad, es que reuniendo todos los estudios al respecto, los científicos aún no logran llegar a un acuerdo. Aún no es definitivo si es que los sanos permanecen casados o los casados permanecen sanos. Sin embargo, salud y matrimonio es una buena correlación, lo que me lleva a escribir sobre el matrimonio saludable.
Los medios de comunicación y la sociedad ofrecen una representación idealizada del matrimonio. Se vende al 2×1 como la culminación de la historia, el cierre de los problemas de la pareja y, por supuesto, como el alcance de la felicidad. Al día nuestro inconciente está expuesto decenas de veces a la frase “y vivieron felices por siempre”. ¿El resultado? Ahí van miles de pareja, comprando el romanticismo del matrimonio, por el mundo.
Sin embargo, esta perspectiva no prepara a las parejas para hacer frente a las decepciones, frustraciones y fricciones, que una relación de este tipo implica. Aunque sea el amor el que lleve a la pareja al matrimonio, éste, por si mismo, no provee las cualidades y aptitudes personales que son decisivas para sustentar y hacer crecer la relación.
Además del amor, se debe contar con elementos como:
Cualquier déficit de estos elementos, puede traer consigo el conflicto y en algunos casos, el divorcio. Y esto sucede porque, ante la falta de entendimiento, dejamos de ver en el otro, todas aquellas razones por las que nos unimos a el. Seguramente no han desaparecido, ahí estan, pero mi visión, mi enfoque, apunta para otro lado. Entonces, aparece un circulo vicioso, en donde solo ponemos atención a los “errores del otro” y el ser “casi perfecto” con el que nos casamos desaparece por completo para convertirse en un ser que dice, hace y respira solo errores. Según nosotros, por supuesto. Tal vez fueron las expetativas a futuro lo que no funcionó, y valdría la pena darles una revisada. A las mías, y a las de mi pareja.
Incluso, no es necesario esperar una crisis en el matrimonio para trabajar concientemente en él. Siempre será sano afinar nuestra capacidad de ver y escuchar las señales que nos da nuestra pareja. Intentando tener en claro sus necesidades y a partir de ese entendimiento, realizar planes conjuntos y tomar decisiones compartidas, y obviamente disfrutar más uno del otro. Por si solo, no todas las guerras las gana el amor, pero con ayuda, sí que lo hace.
El temor a no agradar, a no decir las palabras justas (o en la forma adecuada), huir de los grupos, de todos aquellos conocidos con los que no exista en sí una cierta intimidad, e incluso de la propia sociedad, son características propias de la timidez, un problema que, para muchos, se relaciona directamente con la inseguridad propia de la adolescencia.
Sin embargo, algunas personas la conservan mucho más allá de los dieciséis años, no llegando a superarla del todo. No obstante, recogemos aquí una serie de consejos fáciles de practicar, que te pueden ayudan a salir del problema:

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Información adicional | Fobia social y timidez
Como todo en la vida, seguramente en algún que otro momento nos han hecho daño, o, incluso, nos hemos encontrado ante un momento de tensión tal, que en cierto sentido se nos hace difícil poder perdonar.
En el caso, por ejemplo, de una discusión, es posible sentir cierta reactancia
Sin embargo, el problema realmente lo podemos encontrar cuando transcurren horas, e incluso días desde el problema, y realmente no somos capaces de pedir disculpas, o de hablar lo sucedido, observándolo con perspectiva, de forma objetiva, y de lejos, para llegar a comprender si en verdad el enfado es para tanto o no.
Y es que es increíble observar como hay personas que viven con un odio interior durante años, guardando rencor por la gente que les ha ofendido, incluso algunas de ellas tratan de buscar la oportunidad de vengarse, cuestión aún mucho más grave que no tratar de encontrar unos minutos de pensamiento interior, y saber verdaderamente lo ocurrido, y si tiene o no solución.
Hay distintas cuestiones por las que podemos estar enfadados con otras personas, de tal manera, que a veces el pedir disculpas se hace una tarea algo complicada. Discusiones con nuestros padres o familiares, amigos, pareja o extraños, difieren en la fuerza o ganas que hayamos puesto en la discusión en sí, y en lo que luego nos hemos visto afectados y nos hizo daño.
Como consecuencia de las ofensas que les han hecho, sus corazones quedan heridos pudiendo distinguir en los rostros amargura, tristeza e indiferencia por la vida. Además, en ocasiones se les ve con la mirada perdida, triste y con lágrimas en los ojos cuestionándose el por qué les dañaron tanto.
Empero, sería mucho más fructífero y positivo pensar en el problema en sí, recapacitar, y darnos cuenta realmente en lo sucedido, que anclarnos en una situación que ya pasó y que, al recordar, nos puede llegar a hacer mucho daño.
El poder de perdonar
Para perdonar, y poder hacerlo realmente de corazón, porque así lo queremos, y no por cuestiones puramente externas, debemos perdonarnos a nosotros mismos y librarnos del posible rencor que podamos encontrar en nuestro interior.
Se dice que al perdonar, una persona se siente liberada de todas aquellas razones o momentos que lo aferraban al pasado; y es que, precisamente, tanto el rencor como el no poder perdonar se debe a una cuestión única: la persona que se ve impedida a ello, se encuentra anclada en el pasado, en una situación o momento concreto que le evita ver con claridad, impidiéndole, por tanto, encontrar la paz.
En el caso de que no podamos pedir disculpas, simplemente porque esa persona ya no está, cierra los ojos e imagina que ese sujeto se encuentra frente a ti, y dile todo el daño que te provocó esa situación, libérate, y simplemente pide perdón.
En el caso de que sí podamos pedir físicamente disculpas, sólo debemos hacer una cosa: como se ha dicho, liberarnos del rencor y olvidar aquello que nos hizo daño, comprendiendo que nadie es perfecto, y que, siempre, podemos cometer errores.

Para saber más
- Cómo perdonar cuando no sabes como hacerlo (Mary de Bishop, Jacqui y Grunte, Editorial Sirio)
- Cómo perdonar: perdonar para sanar, sanar para perdonar (Jean de Monbourquette, Editorial Sal Terrae)
- Saber perdonar (David W. de Schell, Ediciones San Pablo)