Hace unos días me encontré con la noticia de que la adicción a Internet es un trastorno clínico y parece que el índice del padecimiento es alto, pues Psiquiatras británicos informaron que de entre cinco y 10 por ciento de los usuarios de Internet son adictos a ésta.

El periódico The Daily Telegraph publicó estas conclusiones de médicos de Gran Bretaña. Según los doctores, la adicción a Internet es un problema de salud pública, ya que los enfermos gastan cantidades insalubres de tiempo jugando juegos en línea, ver pornografía o correo electrónico.
Los adictos sufren cuatro síntomas:
Los empleados que trabajan horas extraordinarias a su jornada laboral, tienen un mayor riesgo de padecer ansiedad y depresión, según el estudio de la Universidad de Bergen, Noruega, publicado en Journal of Occupational and Environmental Medicine.

La conclusión aplica tanto a hombres como a mujeres. En ambos sexos, las tasas de posible la ansiedad y la depresión eran más altos entre los trabajadores con ingresos más bajos y menos, para los trabajadores calificados.
Ya algunos estudios, habían planteado consecuencias para la salud y seguridad, de largas jornadas de trabajo. Sin embargo, se habían enfocado en los turnos de trabajo y no en las horas extraordinarias. Es decir, aquellas mayores a 48 horas por semana.
Las últimas semanas, hemos estado pendientes de los esfuerzos de rescate y ayuda en las zonas de desastre en Birmania y China, por el huracán y sismo que golpearon las zonas, respectivamente. Ante el enorme número de personas que perdieron la vida, preguntamos ¿Cómo podrán salir adelante los sobrevivientes? ¿Cómo dormir tranquilo después de vivir algo tan fuerte? ¿Cómo se vive después de perder a tu familia y amigos?
Más allá de las heridas físicas, los sobrevivientes, deberán sanar heridas emocionales, mejor llamado, estrés postraumático. Un padecimiento, no exclusivo de los sobrevivientes de desastres naturales, sino de cualquier acontecimiento traumático, es decir, cualquier cosa que sale de lo normal de la vida cotidiana y que afecta a alguien profundamente.
El estrés postraumático afecta en:
Es importante que si estás padeciendo estrés postraumático, entiendas que las reacciones que tienes son comunes y no son una muestra personal de debilidad o fracaso.
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Hola a todos, les pido una disculpa. Estuve ausente y me tardé en volver a escribir. No se trató de ausencia de placer. Resulta que, hasta los que escribimos cómo vivir sanamente, también tenemos brechas en nuestra salud.
Fueron casi diez días de malestar. Hoy que estoy mejor y me reintegro a este y mis otros blogs. El haber pasado por esta racha me anima a escribir sobre las estrategias “alternativas” para recuperar la salud.
Es bien sabido que, además de los síntomas propios de un padecimiento, el ánimo se viene abajo. Se vuelve muy difícil tener pensamientos optimistas cuando el cuerpo no colabora.
Cuando un ser independiente, pierde libertad de movimiento y necesita que alguien le cuide, se empiezan a generar sentimientos de indefensión e incluso de tristeza.
Ante ésto, las medicinas y el reposo, no son suficientes, se necesita un poco de ayuda. Ahí les van mis estrategias que apliqué:
- Aromatizante de lavanda, para mejorar el ánimo y disminuir el estrés propio de la enfermedad.
- Compresas calientes de semillas aromáticas, para el dolor y relajación.
- Películas divertidas para reír y dejar de pensar en la enfermedad. Vi la película de Iron man y los Simpsons. Y uno que otro capítulo de “Aquí no hay quien viva”.
- Añadir mucho pimiento a mi comida. El pimiento ayuda a controlar el dolor.
- Sudoku a toda hora, para distraer la mente.
- Y por supuesto, trabajo espiritual, desde intentar el no pensar en nada, la oración y reflexión.
Ahora, se me ocurren muchas más cosas que pude hacer, pero al menos apliqué algo. “Hacer algo al respecto” de por sí, mejora la condición emocional porque es mucho más activo a dejar todo a agentes externos.
Por fortuna, ya estoy bien y seguiré escribiendo aquí. Gracias.

La Terapia Asistida por Animales (AAT, por sus siglas en inglés) ha sido bien documentada en cuanto a algunos animales, como gatos, perros, y con delfines y caballos. Algunas veces es conocida como Zooterapia o Terapia con animales, sin embargo el término AAT es el más aceptado y, según los especilistas, el más exacto.
Ahora se publica el efecto que tienen los animales de granja en padecimientos mentales del hombre. Esto es gracias a un estudio realizado con pacientes de varios padecimientos psiquiátricos como trastornos afectivos, ansiedad, esquizofrenia y trastornos de personalidad. El estudio fue realizado bajo el concepto “Verde”, esto es, no sólo los animales de granja, sino su entorno, plantas, jardines y paisajes.
La conclusión es que vacas, ovejas y caballos tienen una influencia positiva en pacientes de enfermedades mentales, fortaleciendo su autoestima y confianza.
Habrá que ver si la incidencia de dichas enfermedades es menor en la gente que reside y trabaja en granjas. Por lo pronto, es bueno saber que cada día hay más opciones para mejorar la salud mental. Y, sobre todo, que esas opciones no son invasivas.
En la anterior entrada, tratábamos una cuestión muy interesante, que tiene relación con un tema tan actual como antiguo, y que lamentablemente siempre está presente: el no poder dejarnos de preocupar por hechos pasados o por aquellos que aún no han sucedido.
Si somos positivos, encontrar una salida a los problemas es mucho más fácil de lo que pensamos, si comenzamos a aceptar los hechos, en vez de negarlos, o repetirlos continuamente en nuestro interior.
No en vano, hay muchas personas que pierden el equilibrio interno -y su propio bienestar- cuando se enfrentan a un hecho o situación que etiquetan en primera instancia como “problema“, pensando repetitivamente que tienen un problema que no tiene solución.
Empero, lo que realmente sucede en estos casos, es que el sujeto se bloquea al confundir los hechos que han desencadenado tal problema en sí, en especial porque las causas que originan el problema pueden no tener solución, pero el conflicto que se genera tras ello sí.
Por ejemplo, suponte que tienes un exámen muy importante, y no puedes estudiar. El hecho es que no puedes estudiar, pero el problema es encontrar un hueco para poder hacerlo. Por tanto, en vez de comenzar a agobiarnos porque vamos a suspender, debemos coger ese tiempo tan importante para tratar de organizarnos y encontrar nuestro propio espacio y tiempo para poder llevarlo a cabo.
En especial, porque lo que no podemos hacer es quedarnos atrapados en algo sin intentar cambiar los hechos. Una buena estrategia en estos casos es preguntarse sobre el problema, conocer en qué se basa, qué ha ocurrido, y, objetivamente, tratar de identificar las soluciones reales que podemos aplicar a cada cuestión.
Las respuestas que vayamos poco a poco y pacientemente obteniendo, serán las claves para desbloquearnos, y para encontrar, bien la solución del propio problema en sí, o posibles alternativas.
Porque cualquier problema tiene solución. Y, si no la tiene, no es un problema, simplemente un hecho consumado sobre el que ya no podemos actuar, por lo que lo mejor es aceptarlos, solucionarlos simplemente en nuestro interior, de tal manera que, al final, nos ayudará a crecer como personas.

La Universidad de Illinois llevó a cabo hace unos años, un interesante y completo test, para ayudar a aquellas personas que lo deseen, a conocer su nivel de ansiedad.
Si lo deseas, puedes coger papel y lápiz, pero sólo para contar aquellas en la que opinas de forma positiva. Al final de este test tendrás una lista con los datos a contar:
- Es difícil que me canse.
- Tengo ataques de náuseas.
- No me creo más nervioso que los demás.
- Tengo fortísimos dolores de cabeza.
- Cuando trabajo estoy muy tenso.
- No logro concentrarme en una sola cosa.
- El trabajo y el dinero me dan grandes preocupaciones.
- Habitualmente, cuando trato de hacer algo, me tiemblan las manos.
- No me preocupo demasiado por lo que les pasa a los demás.
- Sufro diarrea, al menos una vez al mes.
- Siempre pienso en posibles desgracias.
- Nunca me enfado por nada.
- Frecuentemente tengo miedo de enfadarme.
- Tengo pesadillas cada dos o tres noches.
- Tengo usualmente las manos y los pies calientes.
- Transpiro fácilmente, aún cuando hace frío.
- Generalmente, cuando estoy enfadado, transpiro mucho.
- Es rarísimo que tenga palpitaciones o me falte la respiración.
- Casi siempre tengo hambre.
- No es habitual que sufra de estreñimiento.
- Sufro de molestias estomacales.
- Pierdo el sueño si estoy preocupado.
- Me sobresalto cuando duermo.
- A veces sueño con cosas que me atormentan.
- Me molesto fácilmente.
- Soy demasiado sensible a los problemas ajenos.
- Me preocupo por cualquier cosa.
- Me gustaría estar sereno, como parece estar el resto de la gente.
- Habitualmente permanezco calmado.
- Lloro muy fácilmente.
- Estoy todo el tiempo ansioso.
- Generalmente estoy sereno.
- Me pone muy nervioso esperar.
- A veces estoy demasiado impaciente y no puedo permanecer quieto durante largo tiempo.
- La excitación me da insomnio.
- Creo que las dificultades que debo enfrentar son muchas e imposibles de resolver.
- Me preocupan cosas que no valen la pena.
- En comparación con mis amigos, creo que tengo pocos miedos.
- A veces he sentido miedo de cosas y personas que no podrían haberme hecho daño.
- Hay días en los que me siento un inútil.
- Me es difícil concentrarme en el trabajo.
- Pongo demasiada atención en mi.
- Tiendo a tomarme seriamente todo.
- Soy una persona hipertensa.
- Muchas veces, la vida me abruma.
- A veces pienso que he fallado por completo.
- No tengo confianza en mi.
- A veces siento que me voy a desintegrar en pedazos.
- Le temo a las dificultades.
- Soy una persona muy segura.
Cuenta la cantidad de casillas que has marcado, colocando tus resultados entre los siguientes:
