
Todos hemos visto esas flores azuladas que perfuman el ambiente. Su aroma se utiliza en cremas, jabones y muchos productos, pero el beneficio de la lavanda, va más allá de aromatizar de manera agradable.
La lavanda es una planta originaria del mediterráneo, se cultiva con frecuencia en huertos y jardines y crece de forma espontánea en el campo. Los Romanos se perfumaban con ella después del baño (de lavar, “Lavandula”) y llevaban un ramo de lavanda entre las ropas para ahuyentar a los insectos y emanar un suave y delicado aroma.
Propiedades:
El componente principal de la lavanda es el aceite esencial, que contiene alcoholes terpénicos (linalol, geraniol y borneol) y sus esteres, entre otras muchas sustancias, responsables de sus propiedades sedantes del sistema nervioso central, hipotensoras, antiinfecciosas y bactericidas.
Beneficios:
- Para relajarse.
- Controlar la agitación y el comportamiento de pacientes de Alzheimer.
- Atenuar conductas agitadas.
- Por su acción relajante, se utiliza para inducir el sueño.
- En combinación con acupresión o masaje, ayuda a mitigar el dolor.
- Se utiliza también por su acción antiséptica y cicatrizante.
Suele usarse en combinación con otras plantas, dependiendo de lo que se quiera tratar.
Precauciones:
En caso embarazo, la lactancia, a niños menores de seis años y a quienes sufren trastornos gastrointestinales o trastornos neurológicos, se recomienda evitar su ingesta.
El aceite esencial puede provocar dermatitis de contacto a personas sensibles y en dosis elevadas es neurotóxico.
La lavanda se puede volver una eterna compañera para mantener un estado de ánimo tranquilo. Yo la tengo como spray para almohada, en mi jabón líquido de baño, en crema y en bolsitas para aromatizar mi ropa. Soy totalmente lavanda.