Esta semana se publicó en algunos medios que el matrimonio da más salud a la persona, según un estudio reciente. La verdad, es que reuniendo todos los estudios al respecto, los científicos aún no logran llegar a un acuerdo. Aún no es definitivo si es que los sanos permanecen casados o los casados permanecen sanos. Sin embargo, salud y matrimonio es una buena correlación, lo que me lleva a escribir sobre el matrimonio saludable.
Los medios de comunicación y la sociedad ofrecen una representación idealizada del matrimonio. Se vende al 2×1 como la culminación de la historia, el cierre de los problemas de la pareja y, por supuesto, como el alcance de la felicidad. Al día nuestro inconciente está expuesto decenas de veces a la frase “y vivieron felices por siempre”. ¿El resultado? Ahí van miles de pareja, comprando el romanticismo del matrimonio, por el mundo.
Sin embargo, esta perspectiva no prepara a las parejas para hacer frente a las decepciones, frustraciones y fricciones, que una relación de este tipo implica. Aunque sea el amor el que lleve a la pareja al matrimonio, éste, por si mismo, no provee las cualidades y aptitudes personales que son decisivas para sustentar y hacer crecer la relación.
Además del amor, se debe contar con elementos como:
Cualquier déficit de estos elementos, puede traer consigo el conflicto y en algunos casos, el divorcio. Y esto sucede porque, ante la falta de entendimiento, dejamos de ver en el otro, todas aquellas razones por las que nos unimos a el. Seguramente no han desaparecido, ahí estan, pero mi visión, mi enfoque, apunta para otro lado. Entonces, aparece un circulo vicioso, en donde solo ponemos atención a los “errores del otro” y el ser “casi perfecto” con el que nos casamos desaparece por completo para convertirse en un ser que dice, hace y respira solo errores. Según nosotros, por supuesto. Tal vez fueron las expetativas a futuro lo que no funcionó, y valdría la pena darles una revisada. A las mías, y a las de mi pareja.
Incluso, no es necesario esperar una crisis en el matrimonio para trabajar concientemente en él. Siempre será sano afinar nuestra capacidad de ver y escuchar las señales que nos da nuestra pareja. Intentando tener en claro sus necesidades y a partir de ese entendimiento, realizar planes conjuntos y tomar decisiones compartidas, y obviamente disfrutar más uno del otro. Por si solo, no todas las guerras las gana el amor, pero con ayuda, sí que lo hace.