A veces, aunque tengamos la intención de vivir tranquilamente, ejercitándonos y comiendo sano, puede aparecer algo en nuestra vida que nos provoca enojo. Todos sabemos lo que es sentir eso, “el hervir de la sangre”, la impotencia y la convicción de que el otro comete una injusticia. Puede durar minutos, horas o podemos vivir en una montaña rusa de irritabilidad.
Según la Terapia Cognitiva Conductual (TCC), todas las emociones son la consecuencia de los pensamientos. La interpretación de los hechos, es la que provoca nuestros sentimientos, y no el hecho en sí.
Sentirse irritable, implica que hay algo que nos preocupa y que se está escapando de control. Cuando nos damos cuenta que perdemos los estribos es momento de hacernos una pregunta ¿qué está pasando en nuestra vida?. Si revisamos los hechos recientes, generalmente podremos descubrir qué es lo que nos preocupa.
No se trata de volverme un ser insensible, que no sienta enojo por la guerra y por las injusticias que a diario veo en el mundo. No, se trata de salir de la tendencia de estallar impulsivamente, porque ese estado siempre se vuelve en nuestra contra. A veces, es cuestión de conveniencia, simplemente no nos conviene irritarnos. Las consecuencias de nuestro estallido nos pueden traer más problemas que el asunto de origen.
La TCC propone varios ejercicios para alejarnos del estado de irritabilidad. Uno es evaluar cuándo es productiva nuestra irritación y cuándo no lo es. Es decir, cuándo es útil y me beneficia, y cuándo es inútil y me destruye. Sea cual sea el ejercicio que se lleve a cabo, es recomendable evaluar que tan propensos somos a irritarnos, es decir, nuestro Coeficiente de Irritabilidad. El Dr. Raymond W. Novaco, del Programa de Ecología Social de la Universidad de California, Irving desarrolló una escala de ochenta ítems, para medir dicho coeficiente de de irritabilidad.
Si tuviéramos un coeficiente del día de hoy, nos ejercitamos para controlar la ira y luego volvemos a medir nuestro índice, podremos comprobar nuestro avance en ganar la batalla y a cada día, perder menos los estribos. Imagino que con menos gente en la calle, que le ande hirviendo la sangre, el mundo sería mejor. Al menos, con menos arranques, cada uno viviría más en paz.
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1 Comentario
hola muy buen articulo, creo que siempre es bueno preguntarnos ante un enojo, porque me molesto que no estoy aceptando, y la dinamica mental cambia ya que nos otorgamos el poder sobre si mismo y no sobre los demas.