Dentro de las fiestas navideñas, celebrar la llegada del año nuevo, es una antigua costumbre que tiene, sin duda alguna, un significado trascendente.
Se trata de un momento especial, de un momento simbólico de cambio, que da paso a un tiempo nuevo, brindándonos la oportunidad de crecer, de renacer con él, cuestión que nos invita a plantearnos cambios.
Sin embargo, éstos deben materializarse en propuestas concretas, y llevarse a cabo de forma decidida, porque, si no, sólo se convertirían en simples propósitos que se diluyen poco a poco con el paso de los días.
El año nuevo, en cuestiones históricas
Entre los romanos, la palabra año (annus), se asocia a círculo o anillo, pues simboliza la medida de un proceso cíclico completo.: el tiempo que tarda en su rotación el ciclo zodiacal, en volver a su posición inicial.
Esa idea está presente en la naturaleza, dado que, en los árboles, cada año de vida queda marcado con un nuevo anillo en su tronco, por lo cual, por ejemplo, un año podría representan un eslabón más en nuestro propio ciclo vital.
En este caso, y para decidir qué cambios queremos emprendrer, y conseguirlos, debemos tener en cuenta 4 puntos importantes:
