Conocimos en una anterior entrada qué era el incienso, descubriendo exacta y precisamente cómo se obtenía. Sin embargo, en esta nota nos vamos a ocupar de las distintas maneras cómo puede ser quemado, existiendo dos formas bien diferenciadas.
La primera de ellas sería la quema directa, siendo colocado generalmente en un receptáculo que recibe el nombre de incensario, en el que se prende cómodamente el incienso y se hace ventilar para propagar su aroma (también denominado como incienso combustible).
Esta clase de incienso se elabora típicamente con materiales de incienso fragante finamente molidos, que se unen mediante un combustible aglutinante.
Las formas de presentación más usuales son las siguientes:
La segunda forma es la quema indirecta, denominado también como incienso incombustible, y su uso requiere una fuente externa de calor ya que no produce ascuas cuando se consume.
Fundamentalmente, dicho calor es conseguido mediante ceniza caliente o carbón vegetal. El incienso es quemado colocándose directamente sobre los carbones ardientes o sobre una placa de metal caliente en el inciensario.
Las formas de presentación son:
