Muchos han sido los expertos que, en multitud de ocasiones, han indicado en alguna que otra ocasión que la preocupación, si bien es un punto de partida que nos podría activar para solucionar problemas diversos, en especial aquella que nos impide realizarnos plenamente como personas y nos impide ser felices, no sirve absolutamente para nada.
No en vano, nuestro cerebro es capaz de inventar recuerdos de hechos que en realidad nunca ocurrieron, o anticiparse en cierto sentido a cuestiones que aún no se han producido, y que, dado que de sucederse, lo haría en un futuro, no sabemos realmente si va a ocurrir o no.
Precisamente por este hecho, no podemos dejarnos influenciar, en primer lugar, por un incidente pasado que, como tal, ya no podemos cambiar, efectivamente porque no podemos tener acceso a lo que ya sucedió o hicimos en un momento determinado; y, en segundo lugar, no podemos verdaderamente anticiparnos a algo que presuntamente puede ocurrir en un futuro (ya sea cercano o lejano), efectivamente porque éste aún no se ha producido, y porque no tenemos la certeza real de que suceda o no.
Fundamentalmente, cuando nos sumergimos constantemente en un hecho pasado, y en especial cuando éste es inventado, nos referimos a situaciones pasadas que nos provocaron cierto daño, el cual, si no supimos o no pudimos solucionarlo en ese momento (bien interiormente, o incluso fuera de nosotros), repetiremos continuamente, añadiendo aún mucho más dolor, hasta que no nos paremos en el momento presente, y tratemos de solucionar ese problema en nuestro interior.
Por ello, si ya no podemos solucionar ese problema que nos preocupa, porque tanto física como espacialmente no podemos hacerlo, sí podemos “arreglarlo” interiormente, de tal manera que no nos siga haciendo daño.
Pero si lo que nos preocupa se debe a un presunto hecho que aún no ha sucedido, pero que supuestamente puede pasarr en un futuro, en este caso la preocupación es algo más que infundanda, porque no podemos anticiparnos a algo que en realidad no ha ocurrido.
Debemos tener presentes (y nunca mejor dicho) que nos estamos haciendo mucho daño por algo acerca de lo que no tenemos la certeza real de que va a suceder, por tanto no sólo es una pérdida de tiempo, sino que esa preocupación nos impide disfrutar plenamente del presente, de esos pequeños momentos de la vida, y vivir cada día con alegría, no pudiendo ser todo lo felices que podríamos llegar a ser.

Información adicional | Vive sin sufrir, y disfruta del día a día
[…] especial, porque muchos problemas, bien pueden ser producto de la propia imaginación, porque no aplicamos a los mismos la solución […]
[…] la anterior entrada, tratábamos una cuestión muy interesante, que tiene relación con un tema tan actual como […]