Hoy estoy particularmente contenta, porque estrené mi lámpara de luz infrarroja. Ya había usado esta terapia en una clínica de rehabilitación, pero nunca había tenido una en casa. Les platico un poco de esto.
Hay padecimientos que se pueden tratar mediante ciertos tipos de luz. Para la terapia de luz, se pueden usar lámparas de luz láser, lámparas fluorescentes o radiación ultravioleta o infrarroja. El uso de alguna de ellas se le puede llamar fototerapia o terapia luminosa.
La exposición a la luz infrarroja tiene un efecto térmico y de transpiración, y éstos tienen como resultado:
Mi lámpara es una versión casera y económica (menos de 30 euros). Lo único que tengo que hacer es colocar la lámpara a una distancia mayor a 20 cm y relajarse. Se siente un ligero calor en la parte expuesta, pero no incómoda. El periódo de exposición es de alrededor de media hora. Lo mejor, es que no tiene efectos secundarios y en cuanto a las contraindicaciones, son pocas.
Los rayos infrarrojos se utilizan en dolores crónicos de espalda, artritis reumatoide, fibromialgia, osteoartritis, resfriado, psoriasis, tensión muscular, neuropatía por diabetes, entre muchos otros padecimientos. Incluso, hace unos meses se publicó un estudio que relacionaba la mejoría en pacientes de Alzheimer, después de haber experimentado la terapia.
Contraindicaciones: Sensibilidad a la luz, fotodermatitis, glaucoma y estadios de enfermedades inflamatorias agudas.
Yo ya tuve mi primera sesión casera y decreto un éxito absoluto.
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Hola a todos, les pido una disculpa. Estuve ausente y me tardé en volver a escribir. No se trató de ausencia de placer. Resulta que, hasta los que escribimos cómo vivir sanamente, también tenemos brechas en nuestra salud.
Fueron casi diez días de malestar. Hoy que estoy mejor y me reintegro a este y mis otros blogs. El haber pasado por esta racha me anima a escribir sobre las estrategias “alternativas” para recuperar la salud.
Es bien sabido que, además de los síntomas propios de un padecimiento, el ánimo se viene abajo. Se vuelve muy difícil tener pensamientos optimistas cuando el cuerpo no colabora.
Cuando un ser independiente, pierde libertad de movimiento y necesita que alguien le cuide, se empiezan a generar sentimientos de indefensión e incluso de tristeza.
Ante ésto, las medicinas y el reposo, no son suficientes, se necesita un poco de ayuda. Ahí les van mis estrategias que apliqué:
- Aromatizante de lavanda, para mejorar el ánimo y disminuir el estrés propio de la enfermedad.
- Compresas calientes de semillas aromáticas, para el dolor y relajación.
- Películas divertidas para reír y dejar de pensar en la enfermedad. Vi la película de Iron man y los Simpsons. Y uno que otro capítulo de “Aquí no hay quien viva”.
- Añadir mucho pimiento a mi comida. El pimiento ayuda a controlar el dolor.
- Sudoku a toda hora, para distraer la mente.
- Y por supuesto, trabajo espiritual, desde intentar el no pensar en nada, la oración y reflexión.
Ahora, se me ocurren muchas más cosas que pude hacer, pero al menos apliqué algo. “Hacer algo al respecto” de por sí, mejora la condición emocional porque es mucho más activo a dejar todo a agentes externos.
Por fortuna, ya estoy bien y seguiré escribiendo aquí. Gracias.
No hay como encontrar información que conviene. Hoy, dándome una vuelta por la web me topé con la declaración de un investigador de la Universidad de Barcelona.
Resulta que, el investigador Bueno (así se apellida, a mí no me consta nada más) que cuando nos enamoramos, en nuestro cuerpo se ponen en acción los mismos mecanismos que arrancan cuando una persona se vuelve adicta. ¿Qué hal eh?
La diferencia con otras adicciones es que la del enamoramiento (que no es lo mismo que amar) esta limitada en tiempo. Después de dos o tres años, arranca otro sistema que da pie al placer y la tranquilidad mediante las endorfinas.
La primera fase, la del enamoramiento, se basa en un conjunto de reacciones bioquímicas y conexiones en el cerebro que hace que nos sintamos distintos a lo habital. Las feromonas, que salen disparadas tras el flechazo, y las dopaminas, que ayudan a afianzar la atracción con el otro, forman un estado tal que resulta benéfico para la salud y fortalece el sistema inmunológico.
No vaya a resultar que el dato lo tomen de pretexto para andar por el mundo enamorándose por salud. El dato es bueno, pero no hay que olvidar que el desenamoramiento también debe tener sus propios efectos bioquímicos, y según me acuerdo, no son muy agradables.

De pronto, el aceite fue vetado de nuestras cocinas, se relacionó con la grasa y el colesterol. Sin embargo, al echar de nuestra dieta el aceite, estamos eliminando tambien muchas ventajas que este nos puede dar. Lo importante es identificar aquellos aceites que deberíamos usar en nuestra dieta balanceada.
Los aceites vegetales son los que si debemos usar. No tienen colesterol y tienen grasas que otros alimentos no tienen. Por supuesto, hablo de grasas “buenas” e importantes para nuestro cuerpo. Lo ideal usarlos crudos, en ensaladas, aunque también se pueden usar para freír alimentos.
Quizá el más usado, es el aceite de oliva, que es rico en ácido oleico, conocido por su ayuda a las enfermedades relacionadas con el colesterol. Además favorece la absorción del calcio y ayuda a combatir las enfermedades del hígado. Se puede usar crudo o frito, siempre y cuando se cuide que no se queme.
El aceite de girasol, contiene mucha vitamina E que tiene efecto antioxidante. Es de los que se pueden usar para freír alimentos, contrario al aceite de cáñamo.
Eso si, el de cáñamo es buenísimo para dar un buen masaje y a las ensaladas le da un sabor peculiar. Tiene un alto nivel de proteínas y ácidos grasos. Se utiliza también para mascarillas y otros productos de belleza.
Lejos de la lucha por un cuerpo estético, evitar la obesidad abdominal, conocida como “panza”, nos puede salvar de morir de cáncer o por problemas cardiacos.
Un perímetro abdominal mayor a 89 cm. se considera un factor de riesgo para tener problemas cardiacos. Mientras que, aquellas mujeres con pancita, tienen 63% de probabilidades de morir de cáncer, mayores a las que no la tienen.
Y no es que sigan leyendo solo aquellas mujeres con obesidad, no, esto debe ser de interés de las flacas que tienen pancita. No se trata del índice de masa corporal, sino de un perímetro de cintura amplio.
A medida que pasan los años, la panza se vuelve una zona problemática, pero eso no significa que debemos darnos por vencidas. Algunos tips para combatirla son:
- Alejarnos de los alimentos con alto contenido de grasas.
- Tener en cuenta que durante la noche el metabolismo reduce su funcionamiento, por lo que los alimentos con alto contenido graso que consumamos durante el final del día serán más perjudiciales.
- No irnos a la cama con el estomago muy lleno.
- Combinar una dieta sana con ejercicio.
Insisto, no solo por estética o para lucir ombligo el proximo verano, sino para evitar problemas cardiacos y cáncer hay que librarnos de la pancita.
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Cada semana hay alguna noticia de salud, que nos roba la atención. Que si las vitaminas sirven, luego resulta, que no. Que si comer mas pescado, pero no mucho, por aquello del mercurio. Que si mantenerse ocupado pero lejos del estrés. Y eso, hablando de lo que publican las revistas científicas avaladas. Hoy, cualquiera puede hacer un correo diciendo que la receta para el dolor de mulas, es el te de “algo”, sin ningún fundamento. Lo que resulta, es un cúmulo de conocimientos o mitos que acaba por confundirnos.
A lo que nos llevan, estos y muchos otros estudios, como los del régimen Okinawa, una población de centenarios, es a identificar los “tipos” de medidas que podemos llevar a cabo para lograr envejecer con el menor deterioro posible de nuestra salud. Aunque de pronto encontremos “contradicciones”, vemos que, siempre se trata de llevar un control de nuestra vida, vivir a gusto y mantener nuestro cuerpo en movimiento. Mientras, se evitan aquellos hábitos nocivos, como abusar de la comida y fumar. Todos los demás consejos son pequeñas ayudas, pero no recetas únicas.
En concreto hay cosas que promueven la salud y otras que son nocivas para ella. La mejor receta para la longevidad es cultivar los primeros y evitar los segundos.
Chistian Lamontagne, autor de Sanación Emocional y Anticancer, publica en su blog, una pequeña lista congruente con esta receta.
Ahora resulta que es mejor no recurrir a los complementos alimenticios. Al menos es lo que me hacen pensar los titulares de salud del día de hoy. Resulta que un grupo de científicos se pusieron a revisar 67 estudios, elegidos de manera aleatoria. Todos los estudios, tienen que ver sobre los efectos de algunas vitaminas en personas sanas y en personas enfermas.
A grandes rasgos, los resultados del estudio de The Cochrane Collaboration son un llamado para que la población en general deje de tomar indiscriminadamente las vitaminas que “prometen” alargar la vida. Evidentemente, también el llamado es para farmacéuticos y científicos, para que se regule la venta libre. Incluso, que éstos, sean catalogados como productos médicos.
Mientras se llevan a cabo estas regulaciones, vale la pena tomar en cuenta los resultados del estudio. Por ejemplo, entre los que recibieron placebo y quienes tomaron vitamina A, betacaroteno y la vitamina E, éstos últimos, tuvieron mayor mortalidad.
En lo que tiene que ver con la Vitamina C y el selenio, no se tuvieron resultados concluyentes. Así que habrá que esperar estudios respecto a si aumentan o disminuyen las expectativas de vida.
Imaginen, en una búsqueda de aumentar nuestra vida, la podríamos estar disminuyendo. Tal vez habrá muchas reacciones respecto a esta publicación y habrá que estar pendiente de ellas. Yo insisto, mejor irnos con cuidado.
De nuevo, volvemos a que una dieta equilibrada, con un abanico amplio en color que nos proporcionan las frutas y verduras, es un camino mucho más seguro.